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¿Qué son las Asociaciones de Apoyo?

Las Asociaciones de Apoyo a Oikocredit son colectivos de personas voluntarias constituidas legalmente en forma de asociaciones sin ánimo de lucro. Los socios y socias de estas asociaciones llevan a cabo tareas de sensibilización y difusión de la misión de Oikocredit y son una parte muy importante de la organización. Las Asociaciones de Apoyo son socias directas de la cooperativa Oikocredit Internacional, y como tales, representan en ella a todos sus socios y socias de España. Actualmente existen 3 Asociaciones de Apoyo: País Vasco, Catalunya y Sevilla.

También existe un grupo de voluntariado activo en Madrid (puedes encontrar más información sobre este grupo y sus actividades en: www.madrid.oikocredit.es).

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La unión entre idealismo y realismo: el caso de la banca ética

La unión entre idealismo y realismo: el caso de la banca ética

banca eticalunes, 22 de diciembre de 2014

Con este artículo iniciamos una serie de artículos en profundidad sobre temas relacionados con las finanzas éticas y la economía social y solidaria que iremos publicando aproximadamente con una periodicidad trimestral. El objetivo principal de estos artículos es formativo y que puedan ser replicados y publicados en cuántos más lugares mejor para poder dar a conocer a la sociedad otras maneras de entender -y de llevar a la práctica- la economía y las finanzas.

La reacción al oír decir que las desigualdades de renta a nivel internacional están creciendo suele ser de preocupación. También nos parece increíble la inmensa cantidad de recursos, humanos y financieros, que se destinan y se pierden en finalidades bélicas. Nos llega que los niveles de contaminación están llegando a límites insostenibles en varias partes del mundo, y en algunos casos llegamos a reconocer que esta realidad nos afecta a todos del mismo modo. Irónico es el hecho que a menudo son nuestros propios ahorros, y en ocasiones sin ser nosotros conscientes, son los que estando siendo utilizados para perpetuar acciones especulativas con alimentos, financiar la industria armamentística y actividades de empresas que, con sus procesos productivos, acentúan el desequilibrio existente entre los limitados recursos naturales de los que disponemos y las repercusiones medioambientales que estos procesos tienen.


Si pudiéramos evitar perpetuar algunas de estas actividades, ¿lo haríamos? El propósito de este artículo es el de demostrar que existen alternativas y que la capacidad de incidir del ciudadano corriente es más grande de lo que a menudo pensamos. Cómo gestionamos nuestro dinero, donde compramos y donde los depositamos, todos son factores que tienen un impacto directo sobre nuestro entorno. La banca ética nos da la oportunidad a todos, como consumidores, inversores, emprendedores, ciudadanos y personas, de incidir sobre esta realidad y de poder cambiarla.

Intermediación financiera y banca ética. Manos con dinero.

En contraposición con el máximo beneficio económico que persigue la banca convencional, la banca ética equipara la importancia de este con un impacto social y medioambiental positivo, principios que utiliza como filtro para decidir de donde recibe la financiación y el tipo de proyectos que financia. El objetivo de la banca ética es utilizar los ahorros y recursos de los que dispone para financiar la economía real y productiva, generadora de bienes y servicios, poniendo énfasis en todas aquellas iniciativas la existencia de las cuales es necesaria y que, no obstante, quedan excluidas de financiación por parte de la banca convencional. Pasando de voluntad a hechos, la banca ética se aleja de cualquier iniciativa que no quede alineada con sus principios básicos, como son la actividad especulativa, la financiación de la industria del tabaco, del alcohol, del juego, del armamento, de la energía nuclear, de la pornografía, la explotación de violencia y de animales, toda actividad colaborativa con regímenes opresivos, violación de derechos humanos, etc. Paralelamente, la banca ética se fundamenta en los principios de absoluta transparencia de sus actividades, participación activa por parte de los clientes y miembros vinculados a ella y rigor en la gestión. Por lo tanto, el depositante que ingresa sus ahorros en cualquier entidad de banca ética tiene la certeza que el uso de su dinero estará siendo coherente con los principios que apuestan por una sociedad más justa y digna.


El movimiento que derivaría en la actual banca ética apareció hace varias décadas en los Estados Unidos, cuando empezaron a ganar protagonismo voces críticas sobre el uso que se estaba haciendo de los ahorros del ciudadano corriente para financiar la Guerra del Vietnam. Posteriormente el economista y banquero del Bangladesh, Muhammad Yunus, fundó la primera entidad del sector en los 70, el Grameen Bank, enfocada a dar financiación a colectivos empobrecidos que hasta entonces habían quedado excluidos del acceso al crédito. A partir de los años 80 y 90, las finanzas éticas se abrieron en Europa. Destaca el caso de Oikocredit, una cooperativa de crédito de ámbito internacional, la finalidad de la cual es proveer financiación a proyectos en países en vías de desarrollo, siempre dentro del marco de una serie de criterios éticos. Otros ejemplos son lo GLS Bank alemán, el Triodos Bank con presencia en varios países de Europa, o el Coop57 catalán y Proyecte Fiare de ámbito estatal español.

El modelo de banca ética está basado en la oferta de servicios financieros a largo plazo donde el énfasis al desarrollo económico y apoderamiento de las personas son fundamentales. Esta obtiene su financiación mera y exclusivamente de los intereses obtenidos a través de la concesión de préstamos y depósitos, alejándose de cualquier tipo de actividad especulativa que tenga como única finalidad obtener beneficios a corto plazo. Según el estudio realizado por la Global Alliance for Banking on Values, la banca ética está, como consecuencia de su modelo, significativamente menos expuesta a la inestabilidad de los mercados financieros y tiene resultados mucho menos volátiles que la banca convencional. Persigue la rentabilidad económica de sus activos no como finalidad en sí misma, sino como medio necesario e imprescindible para conseguir un impacto social que transgreda los beneficios meramente económicos.


Desde el punto de vista de la maximización de los beneficios, hay toda una serie de proyectos que no se presentan como suficientemente rentables (independientemente del valor social que puedan llegar a aportar) y, por lo tanto, quedan sistemáticamente excluidos de cualquier tipo de financiación. Las finanzas éticas focalizan en este conjunto de proyectos, haciendo a priori un riguroso análisis de riesgos y potencial impacto, y proveyendo una palanca a aquellos que demuestran ser sostenibles a largo plazo desde el punto de vista económico, social y medioambiental.


El principio primordial de esta rama del sector bancario es el de traer el criterio ético como referente en la gestión de todas sus actividades, y no meramente como una actividad de marketing instrumentalizada para abrumar a un mayor número de clientes. Mientras varias entidades bancarias convencionales presumen para dedicar inmensas cantidades de dinero a proyectos sociales y a fomentar la responsabilidad social corporativa, con la misma determinación esconden actividades que no son tan atractivas desde el punto de vista ético o social, como es la inversión en la industria del armamento, especulación alimentaria, financiación a regímenes dictatoriales, etc. La pregunta que como consumidores y ciudadanos nos tenemos que plantear es: ¿se es ético por principio, o se es ético por conveniencia? Cómo argumenta Jordi Calvo, autor del libro “Banca armada vs Banca Ética”, o se es ético o no. Serlo en un punto medio sencillamente muestra una importante dosis de hipocresía.


Uno de los puntos fundamentales donde la banca ética se desmarca de la banca convencional es no tan sólo en la finalidad que persigue, sino también en cómo entiende el papel que jugamos las personas tanto como consumidores como inversores. Es importante que cada uno de nosotros reconozcamos el hecho que el dinero es una fuente de poder, y que como propietarios de este tenemos una mínima capacidad de influir en el funcionamiento del sistema. A partir de los principios de transparencia y participación, la banca ética invita a las personas a que su visión y opinión tengan un impacto directo en la manera cómo son gestionados sus ahorros, concepción contrastada con la del cliente como una mera fuente de ingresos, el cual es innecesario (o inconveniente) mantener informado del uso que de sus ahorros se hace. A continuación se presenta un listado de las principales entidades de banca ética en Europa.

Tabla bancos éticos y cooperativas de crédito en Europa
Fuente: Jordi Calvo, “Banca Armada vs Banca Ètica”

El atractivo de la banca ética crece cuando contrastamos el papel que esta y la banca convencional han jugado en el estallido y el transcurso de la crisis financiera actual. Mientras un importante número de entidades bancarias han necesitado recurrir a financiación pública o han sobrevivido gracias al abaratamiento del crédito por parte del Banco Central Europeo (dejando de lado que en muchos casos han acabado respondiendo cerrando los grifos del crédito a la ciudadanía y a las pequeñas y medianas empresas), la banca ética no sólo no ha necesitado ayuda externa pública, sino que durante los últimos seis años ha podido aumentar, sólida y paulatinamente, gracias a su foco a la economía real y productiva, la cantidad de préstamos otorgados y su volumen de negocio, todo acompañado de una sostenibilidad de sus beneficios. Un estudio llevado a cabo por la Global Alliance on Banking and Values muestra como el colectivo de bancos éticos han aumentado sus ingresos netos en el periodo 2007-10 en un 64.62%, mientras que el correspondiente resultado por las llamadas Instituciones Financieras Globales y Sistemáticamente Importantes (GSIFIs en inglés), representantes de la banca convencional, ha estado de unas pérdidas de -6.72%. Adicionalmente, el mismo informe muestra como las primeras, en consecuencia de este resultado, han podido aumentar de media los préstamos otorgados en un 80.52%, mientras que las segundas lo han hecho en un 21.38% durante el mismo periodo. Las cifras son reveladoras.

Para el lector crítico o hasta el momento escéptico, es conveniente plasmar algunos de los inconvenientes que la banca ética conlleva, puesto que reconocido es el hecho que ninguna iniciativa tiene única y exclusivamente puntos positivos. Uno de los factores a enfatizar es la dificultad relativa con que la banca ética se encuentra en la valoración de todos aquellos parámetros no estrictamente financieros, como son el impacto social y medioambiental de un proyecto. Estos suelen ser más complicados de medir, hecho que implica que los costes operativos a asumir, en ocasiones, sean relativamente superiores a los costes a los cuales hace frente la banca convencional. Se trata, pues, de ir desarrollando técnicas que permitan la cuidadosa valoración del impacto global de los proyectos financiados. Otro punto crítico es el hecho que, cuanto más crece la entidad, más complicado es materializar el principio de alta participación de sus miembros y socios; crítica, no obstante, no aplicable en bancos éticos sin forma jurídica cooperativista. En tercer lugar, por el hecho de ser todavía un concepto relativamente nuevo puede despertar carencia de credibilidad y confianza. Natural es que nos preguntamos si nuestros ahorros están seguros, si la rentabilidad económica que de ellos obtenemos es inferior, o si la entidad es profesional o seria en su funcionamiento.

Ante estas preguntas es necesario remarcar el hecho que estamos hablando de una iniciativa que trae varias décadas de existencia y, en segundo lugar, el hecho que la banca ética ha demostrado, durante los últimos años de crisis, no sólo conseguir el impacto social que persigue sino en muchos casos también ofrecer una rentabilidad económica superior a la otorgada por bancos convencionales. Finalmente, en aquellos casos en que el beneficio estrictamente económico ofrecido por la banca ética pueda verse superado por los beneficios otorgados por la banca convencional, se trata de calibrar si preferimos obtener unas mínimas ganancias adicionales en términos monetarios a expensas de perpetuar los actuales niveles de desigualdad y violencia, o quizás la certeza de apostar por un mundo más coherente con el que teóricamente defendemos es recompensa suficiente. Esta pregunta, en todo caso, lo tenemos que responder cada uno de nosotros individualmente.

Creo que es importante empezar por reconocer que cada uno de nosotros formamos parte de este sistema y, como consecuencia, todos somos corresponsables en más o menos grado de cómo este es. Nuestras respuestas individuales sobre donde escogemos comprar e invertir tienen un impacto directo. La banca ética ofrece una oportunidad porque cada uno de nosotros ejercemos parte de esta capacidad de incidir. Es un primer paso para recuperar aquello que es de los ciudadanos. Volver a los tiempos en que la economía era para las personas, y no las personas un mero instrumento de la economía. Para volver el énfasis en la economía real, la proveedora de bienes y servicios que afectan directamente nuestro día a día, y así conseguir reequilibrar la hegemonía que la economía financiera ha abrumado durante las últimas décadas. La élite política y económica se alimenta no de la inexistencia de alternativas, sino de la frecuente pasividad de la población, convirtiéndonos nosotros en los primeros perjudicados. Empieza a ser hora que las personas, como ciudadanos y ciudadanas, y cada una desde su pequeño ámbito de actuación, empezamos a exigir y a defender aquello en lo que creemos. La pregunta a plantearnos ya no es si podemos, sino si queremos apostar por un mundo que abrace sociedades más justas.

Andrea Cabañero, estudiante de Economia en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y colaboradora de Oikocredit

BIBLIOGRAFIA

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